domingo, 9 de octubre de 2011

EL MEJOR VOLUNTARIO


Suministrada / EL LIBERAL
Entre las metas de Orlando Marulanda está fortalecer al grupo de socorristas, tener una sede propia con unas instalaciones básicas, y como socorrista aspira seguir fortaleciendo la parte de docencia y orientar al grupo en diversos temas.
(Foto: Suministrada / EL LIBERAL)
EL LIBERAL. Domingo 09 de Octubre de 2011.

El ‘Mejor Voluntario y Socorrista del país de la Cruz Roja Colombiana’ es caucano

“Ser socorrista es dar lo mejor de sí mismo y tener la capacidad suficiente para entregar la propia vida y todo lo que esté a nuestro alcance para servir a los demás”.
Una persona servicial, muy humana, con mucha sensibilidad social, bastante entregado a las personas que le rodean y con mucha disposición al servicio, ese es Orlando Marulanda Guachetá, Presidente de la Unidad Muni-cipal de la Cruz Roja de Inzá, Seccional Cauca, y quien fuera elegido en agosto pasado como el ‘Mejor Voluntario Socorrista de Colombia’, durante el Encuentro Nacional de Voluntarios de la Cruz Roja Colombiana que se realizó en el municipio de Melgar, Tolima.
Orlando nació en el municipio de Inzá, donde ha permanecido gran parte de su vida, su niñez fue un poco difícil ya que su familia vivía en una comunidad rural en plena zona de páramo y de escasos recursos económicos, en una zona conocida como Riosucio, Km. 74, cerca a Inzá, donde se han registrado varios deslizamientos de tierra.
Allí, mientras su padre, Gonzalo Marulanda Valencia, se dedicaba a las actividades de aserrío, Orlando asistía a los dos primeros años de escuela en la que había solo dos estudiantes, su profesora le comentó al papá que siendo Orlando tan buen estudiante debía hacer todo lo posible por mandarlo a la institución educativa de Guanacas, Inzá, donde terminaría años después la primaria y secundaria, graduándose como bachiller en promoción social.
Su inclinación por el trabajo comunitario se da en primer lugar por sus primeros años de vida, donde en medio de las dificultades y necesidades de su familia buscaban siempre cómo salir adelante, y segundo porque la labor en el colegio se ciñe al trabajo comunitario, en las áreas de salud, agrícola y pecuaria, y lo que es organización comunitaria.
Terminada esta etapa, Orlando tomó algunos cursos con el Sena, en especial una serie de capacitaciones por el sur del Cauca con una organización denominada Andri, Usuarios del Dri. 
Al retornar al municipio de Inzá trabajó cinco años como docente, tres años en primaria y dos más en secundaria. Luego comenzó a estudiar ingeniería agrícola en la Universidad Sur Colombiana, la cual no terminó, y después hizo un técnico en gestión ambiental con el Sena y al empezar las elecciones populares de alcaldes inicia sus ‘pinitos’ en política.
Allí el primer alcalde elegido bajo esa modalidad le permitió trabajar con el municipio como promotor de acción comunal y desarrollo comunitario, con otras administraciones trabaja en la inspección de pesos y medidas, y luego con la Inspección de Policía y Tránsito Municipal.
Con el tiempo su familia decide vender los terrenos que tenía en la montaña y se van a una zona más cercana al municipio de Inzá, ubicándose finalmente en Guanacas.

La avalancha del 94
A partir de la Avalancha de 1994 Orlando termina en la parte de apoyo sin tener ninguna idea del trabajo que hacen los organismos de socorro, no sabía de primeros auxilios ni de cómo se organiza un plan de contingencia ni cómo se diseña, y termina ayudando con la evacuación de personas y desplazándose a Páez por iniciativa propia.  
En ese tiempo trabajaba con la alcaldía de Inzá en el área de desarrollo comunitario, cuando ocurrió la avalancha se encontraba en una actividad para celebrar el ‘Día del Campesino’ (6 de junio) y la ‘Fiesta de San Pedro’ en el sector del Pedregal, al frente de Páez, como a Orlando le gustaba la música manejaba un equipo de amplificación de sonido lo llevaban a animar los eventos de la alcaldía.
“Yo era como el hombre orquesta, hablaba por el micrófono, animaba a la gente, manejaba el sonido y colocaba la música, donde mi responsabilidad era coordinar la programación de cada evento que se realizaba”, comentó.
La actividad se desarrollaba en campo abierto al pie de la iglesia de Pedregal cuando se presenta el terremoto, donde los primeros 5 y 10 minutos fue toda una zozobra, y a la media hora comienza a especularse que el volcán hizo erupción, que el río Páez arrasó a Belalcázar y que todo lo que estaba cerca al cañón del Páez desaparece.
“El caos fue total, en su momento el alcalde se desesperó, había mucha gente por la celebración de ambas fiestas, con reinado y ronda San Pedrina, luego decidimos bajar unos cinco kilómetros del sitio donde estábamos ubicados, antes de llegar a Juntas, y alcanzamos a ver parte de la avalancha, eso era impresionante porque el río Negro que cae al Páez parecía que iba en sentido contrario a su cauce, y daba la impresión que iba en contra de nosotros; mucha gente perdió el control y lloraba al ver lo ocurrido”, recordó.
Al presentarse la emergencia empezó para Orlando el rol de voluntario o socorrista empírico, ofreció sus servicios al alcalde de turno, se dirigió a Guanacas a ver cómo estaba su familia ya que continuaban las réplicas.
Al siguiente día de la avalancha Orlando decide emprender el rumbo hacia Belalcázar ya que su esposa tenía a su familia allá, brindando atención a las personas que se iban encontrando por el camino, siendo evacuadas unas 3 mil personas de Belalcázar hacia Inzá.
“Inicialmente fueron casi 15 días de zozobra, sin dormir ni comer bien, ayudando en lo que más podíamos en los albergues, llevando comida y trasladando a las personas al helipuerto, ya cuando se hacen los albergues definitivos en la vereda de El Hato se da toda la asistencia y el traslado hacia allá”.
Desde ese momento Orlando comienza a observar todo el movimiento de los organismos de socorro, lo cual le empezó a llamar poderosamente la atención y sobre de que en Inzá existiera un grupo de voluntarios ya que no había ningún organismo de socorro; en una vereda llamada Yaquivá unas personas de la comunidad habían realizado algunos cursos y conformaron una brigada comunitaria, donde termina coordinando algunas actividades con ellas.
Socorrista y voluntario ejemplar
César, uno de los voluntarios de la Cruz Roja, propuso la creación de un grupo de socorristas de la Cruz Roja en Inzá, con el tiempo se fue consolidando la idea y desde el año de 1996 hasta el 2000 un primer equipo se fue capacitando y se formó la primera ‘Brigada rural de emergencia’, con el apoyo de instructores de Popayán y de Belalcázar.


“En el año 98 hubo una emergencia en Yaquivá, como no teníamos aún el reconocimiento como socorristas nos colocamos unos petos que decían Unidad Municipal de Inzá Cruz Roja Colombiana, pero sin ninguno de los distintivos propios del organismo, cuando me pusieron a coordinar las ayudas en Coscuro me entrevistaron y salen las imágenes de nosotros con esos emblemas creados por nosotros, eso generó toda una polémica pero también nos ayudó a que nos prestaran más atención al trabajo que veníamos realizando en la zona”.

Ya en el mes de noviembre del año 2000 se logra consagrar la primera promoción de 26 socorristas y su reconocimiento como voluntarios, gracias al respaldo recibido por parte de Carlos Iván Márquez, en ese tiempo Director de Socorro de la Cruz Roja y hoy Director de Gestión de Riesgo a nivel nacional.
Con el transcurso del tiempo solo quedaron siete voluntarios, quienes en su momento quisieron ‘tirar la toalla’ debido a los tres años que pasaron con grandes dificultades sobre todo la falta de apoyo; sin embargo pudo más la perseverancia y su entrega, y deciden seguir adelante con el grupo.
Hacia el año 2008, a raíz de las emergencias que se generaron por movimientos telúricos y crecidas del río Páez, empiezan a tocar más puertas con el fin de capacitarse y fortalecer al equipo de trabajo, se convoca a una nueva promoción y se consagran en 2010 unos 33 voluntarios más, que al día de hoy ya suman más de 40 socorristas activos en la zona.
“Hoy contamos con un grupo bastante heterogéneo, contamos con docentes, profesionales de distintas áreas, incluso un abogado; gracias al proyecto ‘Dipecho’ que se pudo desarrollar con la Unión Europea, contamos con una dotación y equipamiento muy importante para llevar a cabo nuestras actividades de socorro, y posicionándonos a nivel regional”.
En la actualidad se viene apoyando mucho al Comité local de emergencia y a la Alcaldía de Inzá, sobre todo en materia de prevención con las instituciones educativas, coordinando además la parte operativa y apoyando el manejo de la entrega de ayudas por parte de Colombia Humanitaria.

El reconocimiento
En el mes de febrero de 2011, a raíz de fortalecer más el trabajo, el equipo de socorristas invitó a Inzá al Presidente de la Cruz Roja Seccional Cauca, José Luis Diago, quien les hizo una serie de recomendaciones y se logran algunos acuerdos en términos del apoyo que se les debe dar y de la disponibilidad que tiene la Cruz Roja para apoyar a la administración municipal.
“Allí me proponen ir a Haití, en una conversación muy informal me hacen una llamada con nuestro director Carlos Iván Márquez, y él les dice ‘claro, mandemos a Orlando a Haití’; yo lo tomé muy deportivamente porque entre los más de 50 mil voluntarios que tiene el país, con todas las capacidades y especialidades, yo solo era un voluntario más así que no me ‘comí’ el cuento”.
A los días siguientes le piden de Bogotá algunos documentos, entre ellos el pasaporte, una fotocopia del pasado judicial y de la cédula, aunque seguía sin hacerse muchas ilusiones, además era dentro de los 90 días de la emergencia en Haití.
Un día jueves, mientras desarrollaban un mejoramiento de vivienda, lo llaman de Bogotá indicándole que al otro día debía estar en la capital del país porque era parte de la lista del grupo que iba para Haití, “mi esposa estaba en Popayán, nosotros en Pedregal como a una hora de Inzá, el alcalde tampoco estaba, yo le dije a mi jefe inmediato ‘qué hago’ y me respondió ‘arranque que aquí solucionamos todo’, en resumen fue toda una odisea sobre todo por los tiempos, llegar a Inzá, luego irme a Popayán y tomar el vuelo a Bogotá”.
Viajar en avión era su primera experiencia, así emprendió el vuelo rumbo a Haití junto a sus otros compañeros en un avión de la Fuerza Aérea Colombiana. En Haití permaneció cerca de un mes y gracias a esa vivencia y la labor realizada hasta entonces como socorrista, hicieron que fuera galardonado el domingo 14 de agosto de 2011 en Melgar como el ‘Mejor Voluntario y Socorrista del país de la Cruz Roja Colombiana’.  
“Tres meses antes me habían pedido de Bogotá una hoja de vida, después me dicen que estaba entre unos finalistas, luego que entre 16 y más tarde entre los 7, y yo dije ‘bendito sea mi Dios’, y antes de la salida de dos de mis voluntarios me dicen ‘Orlando, tú también tienes que ir a Melgar’, por estar entre los mejores voluntarios”.
Ya en Melgar había un cierto rumor y al segundo día del encuentro nacional de la Cruz Roja se fue incrementando la idea que Orlando ‘estaba pisando duro’ y la noche de los reconocimientos cuando iban leyendo las características y trayectoria del mejor socorrista, ya se convenció que se trataba de él.
“Ha sido un reconocimiento muy importante para todos nosotros, ahora nuestra meta es fortalecer al grupo de socorristas, tener ya nuestra propia sede con unas instalaciones básicas, como socorrista aspiro seguir fortaleciendo la parte de docencia y orientar al grupo en diversos temas”, señaló.

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